El camino del empoderamiento tiene muy distintos puntos de partida dependiendo de la historia y del contexto de cada grupo social. Nuestras socias y socios en Chiapas han iniciado este camino en un punto de profunda resignación y desesperanza.
La población indígena de Chiapas (que representa el 26.03% de la población total) es uno de los grupos sociales más pobres del país y del mundo. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) en 2005 de esta entidad (0.7303) era el más bajo de todo el país. Más aún, las comunidades indígenas del estado son las de menor IDH al interior del estado; así comunidades como Aldama, con un IDH de 0.5764, o como Chamula con uno de 0.5594, se encuentran por debajo del IDH de Myanmar (0.578) y Botswana (0.565) Aún siendo Chiapas un estado privilegiado por tener suficiente agua, yacimientos de uranio y petróleo, y una extraordinaria biodiversidad, sus habitantes indígenas pocas veces llegan a gozar de los frutos de esta tierra.
Podemos rastrear las razones de estas condiciones de vida en la historia y el devenir de la colonización. La conquista de tierras americanas y de muchas otras fue sustentada por una base filosófica creada desde Europa que argumentaba la superioridad de la raza blanca y catalogaba en niveles de inferioridad a las otras razas. Así, hace 500 años, los colonizadores españoles creyeron ver en los indígenas seres poco menos que humanos, una combinación entre niños y bestias. De esta manera, los colonizadores pudieron proclamar como suyas las tierras, riquezas y personas de dichos territorios, sin tener que preocuparse de estar afectando a seres humanos.
Estas ideas se convirtieron en un paradigma de pensamiento tanto para los colonizadores como para los colonizados... y a pesar del surgimiento de México tras la Independencia, este paradigma ha permanecido en nuestras estructuras sociales y mentales, reciclando la discriminación. Las leyes, las instituciones, las políticas públicas, los programas gubernamentales, etc. han estado fundamentados en este paradigma.
Muchas de nuestras hermanas y hermanos indígenas aprendieron, con los siglos, a mirar como natural este acomodo social. Pocos han cuestionado la discriminación étnica. Esto ha dado pie a una profunda resignación, y a una entrañable creencia de no ser capaces de alcanzar una vida digna.
En el caso de las mujeres indígenas, muchas han naturalizado, además, la discriminación de género; lo que ha implicado que internalicen la diferentes formas sociales de exclusión y se perciban a sí mismas sin el derecho de pensar y de hablar, de estudiar, de cuidar su salud, de tener autonomía económica, y de participar activamente en los ámbitos de toma de decisiones que afectan sus vidas, familias y comunidades.
Es en este contexto en donde The Hunger Project México cree que es indispensable facilitar el empoderamiento de mujeres y hombres para que sean ellas y ellos quienes terminen con su propia hambre siendo agentes clave y protagonistas de su desarrollo.
A mediados de 2008 iniciamos este viaje con las socias de la cooperativa de textiles J’pas Joloviletik. Ellas son 240 mujeres que pertenecen a 26 comunidades de los Altos de Chiapas. Las mujeres y THP-México somos socios en la búsqueda de mejorar los ingresos de la cooperativa al tiempo que cada mujer reconoce y recupera su dignidad y su capacidad para alcanzar por sí misma la vida que desea, sobre todo, en temas como educación, salud, soberanía alimentaria e ingresos.
J’pas Joloviletik fue creado en 1983 por iniciativa del Instituto Nacional Indigenista (INI). Fue el INI quien administró la cooperativa con el apoyo de algunas mujeres. Después de 1994, las mujeres han avanzado solas teniendo a la mano muy pocas herramientas y muy poca conciencia cooperativista.
Sostenidos en los tres pilares de nuestra organización, el programa de Chiapas atiende dos conversaciones simultáneas:
- Acciones concretas, colectivas y autosuficientes: en las áreas de salud, educación, ingreso y soberanía alimentaria.
- Empoderamiento: a través de un proceso cuidadosamente pensado, las mujeres recobran su voz y valoran su pensamiento; reflexionan en torno a las raíces que dan persistencia a su pobreza; planean y toman decisiones de manera participativa; logran metas y aumentan así su seguridad para lanzarse a nuevas acciones cada vez más complejas y con mayores alcances; y, finalmente, adquieren el liderazgo necesario para terminar con su propia hambre.
Los ejes de trabajo fueron definidos por las mujeres en diferentes ejercicios de visión realizados entre 2009 y principios de 2010.

Línea de base participativa
A partir de su visión, las mujeres realizaron una línea de base participativa a través de la cual pudieron conocer, compartir y reflexionar en torno al estado actual de su vida:
a. Educación
- 50% no saben hacer operaciones básicas (sumar, restar, multiplicar y dividir).
- 69% no hablan español.
- 66% no saben leer ni escribir.
b. Salud
- 60% de ellas tienen cansancio crónico.
- Viven su vida cotidiana con perpetuo dolor de cabeza, de espalda y de estómago.
c. Ingreso
- El ingreso promedio de las mujeres de la cooperativa es de $23.78 pesos al día (el salario mínimo al día en Chiapas es de $54.47).
- 55% de dicho ingreso depende de programas de gobierno; es decir, sin estos programas, el promedio de ingreso sería de $13.79 pesos al día.
- Las ventas de la cooperativa aportan un promedio de $173 pesos mensuales a cada mujer.
- Sin embargo, las ganancias entre las mujeres son muy variables de acuerdo al diseño, tipo de prenda, su precio en el mercado y los tiempos de elaboración. Por ejemplo, descontando los gastos fijos y variables, las socias de Huistán ganan $2.6 pesos por trabajar 8 horas al día elaborando artesanías; mientras que las socias de Bayalemó 2 ganan $43 pesos al día por trabajar las mismas horas (**este dato se calculó considerando jornadas de 8 horas diarias; sin embargo, en la realidad, ellas ocupan la mayor parte del día en labores domésticas y del campo).
d. Soberanía Alimentaria
- Comen 2 veces al día: unas tortillas, una taza de frijoles y un poco de verdura.
- Comen proteína animal una vez por semana o cada quince días.
- Toman 2 vasos de agua al día.
- Consumen de manera constante: refrescos y frituras.
Acciones:
Partiendo de la línea de base y comprometidas con su visión de un futuro libre de hambre y pobreza, las mujeres han realizado importantes acciones de acuerdo a las prioridades que eligieron participativamente:
a. Educación:
Al desarrollar la capacidad de leer, escribir y comunicarse en español, surge la transformación de nuevas líderes que trabajan para el desarrollo de su cooperativa y de otros ámbitos en su vida. (Propósito en Educación, programa Chiapas 2010.)
A pesar de ser el eje de trabajo que más resistencia provocaba entre las mujeres, fueron ellas mismas quienes decidieron que la educación fuera su prioridad. Actualmente, y gracias al financiamiento de Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer A.C., las mujeres están aprendiendo a leer, a escribir y a hablar español. Dos mujeres de la cooperativa se han capacitado como facilitadoras y utilizan un método lúdico, narrativo y reflexivo, gracias también a la colaboración de educadoras capacitadoras voluntarias.
b. Salud:
Las mujeres crean la posibilidad y el compromiso de estar sanas, de buscar e implementar de manera autosuficiente las herramientas necesarias para transformar su salud, la de su familia y la de las socias de la cooperativa.
(Propósito en Salud, programa Chiapas 2010.)
Después de comprender que su estado de salud pudiera ser resultado de la mala y deficiente nutrición e hidratación, decidieron hacerse un análisis de sangre. A través de una colecta por internet y gracias a la organización Salud Integral para Todos A.C., las mujeres pudieron realizarse análisis médicos para medir sus niveles de presión, índice de masa corporal, colesterol, triglicéridos, glucosa, hemoglobina y hematocritos.
Muchas mujeres tomaron acción yendo al médico (algunas incluso por primera vez en su vida) y exigiendo tratamiento y medicación.
c. Soberanía Alimentaria:
Las mujeres son conscientes de que son ellas los propios medios para recuperar sus tradiciones alimenticias, y para producir alimentos locales y lograr la autosuficiencia alimentaria. (Propósito en Soberanía Alimentaria, programa Chiapas 2010.)
Durante el 2009, el 10% de las mujeres se atrevieron a iniciar huertos familiares y comunitarios. Históricamente, la tierra ha sido propiedad de los hombres, así que todas ellas lograron hacer mirar a los hombres de sus familias la importancia que tiene una alimentación sana.
Actualmente, muchas de ellas están interesadas en capacitarse en el cultivo de proteína vegetal (amaranto, soya).
d. Ingreso:
Cada mujer toma la cooperativa en sus manos y cada una es semilla que alimenta el trabajo colectivo, logrando que la cooperativa funcione como una fuente de empoderamiento y autonomía económica. (Propósito en Ingreso, programa Chiapas 2010.)
A través de diferentes talleres y ejercicios para generar auténtica participación y democracia al interior de su organización, las mujeres han comenzado a comprender qué significa la propiedad colectiva y cooperativa de un negocio, y a empezar a provocar las transformaciones necesarias en su tienda y en todo J’pas Joloviletik. Entre sus logros se encuentran:
- Autogestión de su Acta Constitutiva
- Autogestión del registro en el Fondo Nacional para Empresas Sociales
- Asistencia a ferias fuera de Chiapas
- Inicios de procesos administrativos eficientes y transparentes
- Creación de un manual de colores y estilos
- Plan de ahorro y reinversión para la tienda
- Plan de remodelación de la tienda
e. Autodocumentación:
Las mujeres generan con herramientas poderosas una nueva historia para su vida, que comparten y comunican entre ellas y con el mundo.
(Propósito en Autodocumentación, programa Chiapas 2010.)
Evaluar los resultados y los impactos es una tarea crítica para el aprendizaje y para comprender cuánto hemos avanzado en terminar con la pobreza. Además, puede ser un proceso sumamente empoderador si es realizado por las mismas personas que están transformando sus vidas, de manera que puedan reflexionar en sus avances y celebrar sus logros.
Por esto, hemos iniciado el proyecto de autodocumentación fotográfica con la contribución de capacitadoras voluntarias y gracias a la campaña de recaudación por redes sociales de cámaras usadas.
Las mujeres han mostrado ser unas fotógrafas extraordinarias, ávidas de dar a conocer su mundo rompiendo las barreras del lenguaje y el analfabetismo.
A futuro…
Entendemos a la cooperativa como un microuniverso en donde se reproducen ideas, pensamientos, conductas y actitudes de las comunidades donde las mujeres viven.
Estamos siendo testigos de que el hambre y la pobreza pueden terminar si el espíritu humano, tan lleno de creatividad, fortaleza, visión, compromiso y autosuficiencia, se desencadena a través de un profundo respeto a la dignidad y las capacidades del ser humano. Es así como creemos que el éxito de este proyecto puede escalarse a las familias y comunidades de cada una de las mujeres. Así, en los años por venir, podremos reproducir este ejercicio en muchas comunidades de los Altos, en Chiapas y México entero.





